Me
he levantado algo más animado. El dedo todavía muy inflamado pero
ya no me molesta tanto como ayer, ya no tiene esa pulsación
característica de la infección. Estoy en una sala amplia con mesas
y sillas y buena luz, anoche dejé aquí las alforjas para no
molestar. Luego, cuando se levanten, entraré para retirar la sábana y
la almohada que es lo único que tengo dentro, ¡no se me vaya a olvidar otra vez como en La Isla! Todavía son las seis menos
cuarto y aún no dan señales de vida.
Miro
el perfil de la etapa de hoy y me recuerda los dientes de la sierra
de arco que tengo en el huerto. Teóricamente tendría que llegar, si
puedo, hasta La Caridad. Unos 55 Km. por lo bajo, según el tríptico
de la Asoc. de Amigos de Bilbao. Bueno...ya veremos.
Para
hacer boca, empezamos la mañana subiendo, pero a estas horas y con
el fresquito casi apetece. Pasamos por diversas poblaciones y al
llegar a Castañera un cartel en la carretera indica Playa del
Silencio (foto 198)
Con ese nombre tan sugerente no me la debo, ni
puedo perder. Así que entro en la localidad y después de recorrer
un pequeño tramo asfaltado comienzo a descender un camino de tierra
bastante pronunciado. A mi izquierda el mar, sigo bajando y bajando y
aparece en el fondo la playa, ¡y que playa! (foto 196).
Es una
ensenada perfecta protegida de los vientos a ambos lados por
acantilados. De buena gana pasaría aquí el día, pero ya se sabe
que todo lo que baja tiene que subir, y yo tengo que volver a subir
la cuesta por el camino de tierra, así que no bajo más y desde la
mitad aproximadamente saco la foto y me vuelvo con gran
pena por mi parte y la de mi rucio que hubiera descansado durante
un día completo. A mí dcha. ahora, aparece otra playa, también
preciosa (foto 197).
Al
pasar por Santa Marina (foto 199) me llaman la atención unos
gigantescos macizos de hortensias de color blanco. ¡Con lo
difícil que es conseguir en mi tierra una sola planta de esta flor!
Inmortalizo
una pequeña ermita con porche, ¡como se ve que aquí llueve!, (foto
200), donde he hecho una “parada técnica” (léase mear)
Un
paisano se ha construido una casa en el mejor sitio: en lo alto del
prado y con vistas al mar. Como quiero también disfrutar un
poquito de su paisaje, se lo robo y me lo llevo en la cámara (foto
201).
Cruzo un río bastante caudaloso y con una exuberante
naturaleza a su alrededor (fotos 202,203).
Las playas desiertas, a
cual más bonita, se suceden a mi paso (foto 204,205). Corro el
peligro de caer en el síndrome de Stendhal al ver tanta belleza
junta y seguida.

Luarca una población importante y muy turística esta situada en el fondo de un valle con puerto en la desembocadura de la ría (fotos 206,207,209).
Son las doce, hora de almorzar, voy a comprar pan y
acabo almorzando una ración generosa de empanada de bonito, recién
hecha, que está buenísima.
En El Camino como en la vida no hay que tener ideas preconcebidas: he entrado a la panadería con intención de comprar pan y he salido, sin embargo, con una empanada como no la había comido nunca, crujiente y sabrosa. ¡Aun me estoy relamiendo, como hace mi perro Homer cuando le llevo su comida!
En El Camino como en la vida no hay que tener ideas preconcebidas: he entrado a la panadería con intención de comprar pan y he salido, sin embargo, con una empanada como no la había comido nunca, crujiente y sabrosa. ¡Aun me estoy relamiendo, como hace mi perro Homer cuando le llevo su comida!
Cerca
de Piñera las obras de la autopista construyendo un viaducto por el
sistema de viga lanzada, similar a la que hicieron cerca del huerto
(foto 208) Es una maravilla ver con que facilidad (aparente),
lo realizan.
El
albergue municipal es bastante amplio e instalado también en las
antiguas escuelas municipales. Me pregunto que habrán hecho con los
niños, supongo que los pocos que haya los tengan concentrados en la
capital del concejo. Lo regenta una señora que vive en una casa
apartada a la que hay que volver para sellar y pagar, aprovecho para
comprar en una “tiendiña” unas provisiones. Esta pequeña
población no tiene bar ni por supuesto restaurante.
He
preferido venir hasta aquí porque suponía que habría menos gente.
Aun así estamos un grupo variopinto, todos caminantes excepto yo:
Iñigo, que es de Bilbao, y al saber que soy de Zaragoza me da
recuerdos para Joaquin un militar que perdió tres dedos en el Líbano
y es de la asociación Os Andarines d'Aragón. Hay otros tres
jóvenes, que van juntos: Tomás, parecido en el carácter y en la
forma de expresarse a mi hijo Jorge. Su compañero que es masajista
(y que me da consejos para mis piernas) y un inglés que apenas
habla. Una señora mayor que se peina la melena acercándose
peligrosamente a la mesa donde estoy merendando. Otra morena guapa de
mediana edad que también va sola y que no para de hablar por el
móvil, y un matrimonio bastante mayor de Cadiz, del que observo que él carga
prácticamente todo el peso en su gran mochila.
Entre
ellos parecen que se conocen. Yo no voy a tener la oportunidad de
hacerlo. Voy demasiado deprisa para los que van andando y demasiado
despacio para los que van en bici. ¡Claro, mi pobre rucio no
da más de si!
La
hospitalera no ha venido ni siquiera a pasar revisión.¿No sé para
qué le habré dado la cinta? ¡si no se la ha ganado!
Me
voy a dormir.
Hasta
mañana si Dios quiere (que decía mi madre).
No
os digo lo que le contestaban mis hijos, entonces pequeños.













... y si no quiere también.
ResponderEliminar;-D
Ja,ja,ja. Yo no quería desvelarlo.
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