Este
albergue está muy cerca de la plaza del Obradoiro. Desde una ventana
de la última planta, donde están situados los baños, observo a
primera hora esta bonita vista de la Ciudad envuelta todavía en la
bruma mañanera.
Desayuno
en el albergue y salgo a dar una vuelta. La cámara de mi teléfono
movil ha sido durante este viaje como la prolongación de mis ojos
captando multitud de imágenes que han desfilado ante mí durante el
Camino y que ellos por si solos, no hubieran podido guardar.
Las
ofrendas de los peregrinos, al pie de la Catedral, son como un
recuerdo mudo en honor de los muertos del accidente. Son pocos los
días que han pasado y las gentes de Santiago todavía están
impactadas por el suceso.
Un
peregrino, haciendo gala de una gran religiosidad, avanza de rodillas
hacia su destino final. Otro más prosáico, prefiere saludar con el
signo de la victoria popularizado por Sir Wiston Churchill durante la
Segunda Guerra Mundial. Cuestión de gustos y creencias.
Es
rara la esquina en la que no haya apostado un profesional de la
pedigueñería a la caza del turista, en forma de: monje, estatua
viviente, tuno tocando la gaita o la pandereta, etc, etc...uno se
siente abrumado por tanta mano extendida en busca de un óbolo. No
sé, como las autoridades no ponen freno a esta presión sobre el
viajero. Ninguno de ellos merece una foto, ni por supuesto el óbolo
que para mí quisiera.
Con
el que si tengo una charla es, con este ciudadano del mundo que ha
“puesto en valor” (uso este término que han popularizado
nuestros políticos aun que no me gusta nada) una cámara antigua
reparándola y recuperando un viejo oficio.
Le comento que en Zgza.
existe un caballito de bronce detrás de La Lonja en recuerdo del
fotógrafo que allí estaba instalado. Mi mujer designa a una persona
poco decidida diciendo : “es más parao que el caballo de un
fotógrafo”´. Junto al fotógrafo unas bonitas begonias, que
inmortalizo con mi cámara en homenaje al jardiner@ que las cuida y
las mima.
E
P Í L O G O
Como
en toda actividad humana queda ahora hacer balance de lo vivido. Son
muchos los sentimientos que afloran en mi memoria, algunos
decididamente encontrados y posiblemente sea pronto para sacar
conclusiones.
Con
el tiempo, soy más crítico con las situaciones y comportamientos
humanos y me muestro intransigente con los que me toca vivir y
padecer. Me dirán que es cosa de la edad y que me estoy convirtiendo
en “un viejo cascarriabias”, posiblemente tengan razón.
He
visto peregrinos con el verdadero espíritu del Camino, pero otros,
todo lo contrario, solo exigencias y avasallamiento. He visto
masificación y “turismo de albergue”, he visto excesivo comercionalismo en todo
lo relacionado con la ruta, incluso una pugna y competencia entre las
diferentes rutas. Y he visto, en fin, que hacer el Camino se ha
convertido en un objeto más de consumo de la sociedad moderna.
Quedan
rutas todavía sin hollar por las pezuñas de mi rucio: el Camino
Primitivo, el Portugues...etc. Pero, no sé si volveré hacer ninguno
más, posiblemente opte por realizar alguna ruta diferente como la
del Cid o la del Ebro. Todo esto contando con que a mi rucio y a mí nos
queden fuerzas y ganas para continuar y si es así, os amenazco con
contároslo.
Hasta
siempre, amigos.
T
H E E N D







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