jueves, 10 de octubre de 2013

Día 10.- Domingo 28 de Julio del 2.013.- Buelna – La Isla.- 65 Km.

 
Con los sentimientos encontrados por lo vivido ayer, me dirijo hacia Llanes (foto 144). Igual me ocurrió en Valderroble de Salvatierra de la Vía de la Plata. Por cierto, Bautista es amigo de Blas y me dijo que posiblemente lo hicieran obispo. (¡Dios los cría y ellos se juntan!)


Quiero ver Los Cubos de la Memoria del escultor vasco Ibarrola (fotos 145,146). Me pregunto con que clase de pintura los pintarían para aguantar el ambiente salino y las olas, o a lo mejor los repintan muy a menudo.¡Lo que es la deformación profesional!. Uno no puede desprenderse, aunque quiera, de lo que ha sido y vivido en su vida profesional.
 












Llanes es una bonita e importante villa con buenos edificios como el teatro municipal (foto 148) o la casa consistorial (foto 149).


 














Unos amables y desocupados contertulios de la tercera edad, o sea viejos, con los cuales enebro durante un buen rato, me indican un cajero en el que saco dinero. ¡Soy pobre, pero aun no he llegado a menesteroso, aunque todo se andará con estos superdotados que tenemos como gobernantes!.



En la lejanía se divisan los Picos de Europa con el mítico Naranço de Bulnes (foto 150). 

 

Las playas de Asturias son preciosas y sin las apreturas del Mediterráneo, ¡otro cantar será la temperatura del agua, que fría ¿no?, no lo quiero ni pensar...! Ya lo decía mi padre: “de los cuarenta para arriba no te mojes la barriga”.



En la ría de Ribadesella un curioso embarcadero (foto 154) y un no menos curioso desfile de los primeros pobladores de Asturias (foto 155,156).

 










Y después, subida hasta San Esteban de Leces donde hay un albergue. Mi intención es llegar a Sebrayo pero en llegando a La Isla (foto 157) me detengo: hace mucho calor, esta amenazando tormenta, además estoy harto de tanta subida y bajada y creo que llevo bastantes kilómetros, sesenta y cinco para ser exactos, según el cuentakilómetros de mi rucio. 

 
Un poco complicado encontrar el albergue municipal. Primero hay que ir a casa de una tal Angelita, una señora mayor que vive con su hermano, allí se paga y te sellan y luego al albergue, que es una antigua escuela municipal. Dí que la gente es muy amable y te indica el camino, aunque me imagino que están un poco hartos, pues han pintado flechas en el suelo que ponen: “angelita, angelita...”. Y los peregrinos, ¡vamos pronunciando su nombre como poseídos o almas en pena, pidiendo auxilio a nuestro ángel de la guarda!

 











Doy una vuelta por el pueblo, que tiene playa y bastante turistas, también paisaje agreste (fotos 158,159) y curiosas edificaciones (fotos 160, 161). La propiedad está bien delimitada con muros de piedra altos, ¿será para que no se escapen las vacas? (foto 162).

 




Después de cenar me acerco a la cafetería del Hotel Monte y Mar donde he visto que ofrecen por la mañana temprano un desayuno para peregrinos y que mañana probaré. Con Fernando un chico muy majo, de la edad de mi sobrino del mismo nombre y que regenta el establecimiento, hablo de todo un poco: de esa “individua” que ha atropellado y matado a dos ciclistas en Extremadura y que dio positivo, del turismo de albergue, y de los peregrinos tan raros que ve pasar por su puerta. El otro día vio el que llevaba el perro en el remolque. Pero el caso más raro fue el de una “tipa” con un canario. No me imagino todo el camino con una jaula en la mano (fue una lástima que no le hiciera una foto). Le comento, que yo acabo de ver en el albergue un “elemento” que llevaba un gato y lo estaba maltratando. Verdaderamente hay gente muy rara en El Camino, ¡no hay más que vernos a mi rucio y a mi!


A la vuelta saludo a un joven ciclista que resulta ser de Tudela, lo he conocido por el acento de La Ribera y por lo que gritaba al hablar. Va a toda pastilla, ¡80 – 100 Km. diarios y por caminos!. Como yo digo: “hay gente que pasa por el camino, pero el camino no pasa por ellos”.



También he visto a otro tipo extraño, un portugués, que dice que venía de Santiago y quería llegar a Francia, para reclamar una pensión, pues había estado allí trabajando. Luego, iba con una “cogorza” monumental, el joven navarro no sé que le ha dicho y han tenido alguna palabra. Ha dormido encima de una mesa en el exterior. Yo creo que en cuanto nos vayamos, entrará a saquear los restos que han dejado en la nevera. Habría que ser Cela, para retratar a todos estos tipos como él hizo tan magistralmente en La Colmena.



Mañana, a ver si puedo llegar a Avilés. Pero, “hoy no... mañana”.


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