Ayer
se me olvidó decíos, que cuando llegué, ya estaban en el albergue
los que ya considero mis amigos, los hermanos catalanes: Javier (el
pragmático) y Jorge (el bohemio) y a los que les doy “la paliza”
nada más que los veo,¡claro todo el día sin hablar con nadie
excepto con mi rucio!
Les
cuento lo que me ha pasado en el camping de la Playa de las
Catedrales y lo quemado que estoy, incluso dispuesto a tirar la
toalla y largarme a Santiago con viento fresco, en un coche de línea
o en un taxi.
-
¿Pero como vas a abandonar ahora que ya nos queda tan poco? - dice
Javier.
-
¡Venga hombre, que no se diga, que vosotros los aragoneses tenéis
fama de ser cabezones y de conseguir lo que os proponéis!, me dice
Jorge.
Total
que entre los dos, con esos argumentos y otros parecidos, como por
ejemplo, que no nos quedan más que tres o cuatro etapas, me han
convencido. Y aquí estoy, dispuesto a comenzar la de hoy.
Observo
su perfil y veo que es todo subida hasta Abadín donde hay un
albergue y termina la etapa de los que van andando. Después es mas
plano, es el territorio de la Terra Chá, una comarca lucense que,
como su nombre gallego indica, se caracteriza por un trazado llano
repleto de prados y pastizales.
Me
despido de Lourenzá sacando un par de fotos de un palacio y de una
iglesia (fotos 217, 218) y luego... a subir. No me detengo en
Mondoñedo, aunque sé que es una villa importante y sería
interesante visitarla, pero a estas alturas del Camino lo único que
pretendo es llegar cuanto antes a mi destino.
Donde
hay una señal de riesgo de nieve, hay altura, y donde hay altura,
hay que subir (foto 219).
¿Quién decía que en Galicia no nieva?
Al
final llego a Villalba. Desde que he salido de Lourenzá, todo ha
sido subida y además exigente y con lluvia y viento. La etapa de hoy
muy dura, solo han sido 50 km. pero... ¡me han parecido 400!
¡Como
se ve que es el pueblo de Fraga, tienen hasta un albergue de diseño!
(foto 220). Aunque estaba casi lleno he conseguido una cama de abajo.
Siguen
sin gustarme las cosas que veo: llego todo mojado y me encuentro en
la recepción con dos “peregrinas” de punta en blanco acompañadas de un "maromo" (una de
ellas, sudamericana, con topolinos). Tienen toda la pinta de “turismo de albergue”. El voluntario de
Ayuda en Carretera, cuyo cuartel esta al lado, se limita a sellarles
la credencial y cobrarles la estancia. Después, una peregrina
(española) con los pies sobre una mesa, que alguien usará luego para cenar. Y por ultimo, las sempiternas mochilas
encima de las camas (se ve que no aprenden y eso que estamos ya
acabando).
Por
no ir hasta el pueblo, he cenado con Jorge y Javier en un restaurante
cercano por un precio especial para peregrinos, más caro que el de
los obreros de las naves cercanas (lo sé, por información privilegiada)
Saco
las alforjas al pasillo y me acuesto pronto, a la mañana ya tendré
tiempo de escribir y de comprobar cuanto nos queda todavía. A
ver...




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