jueves, 10 de octubre de 2013

Día 11.- Lunes 29 de Julio.- La Isla – Avilés.- 76 Km.

Después de desayunar en la cafetería del Hotel Monte y Mar y de despedirme del que ya considero mi amigo Fernando, comienzo la andadura de hoy que me temo va a ser larga pues pretendo llegar hasta Avilés. No sé si lo conseguiré. Ya son once días y los kilómetros pesan en las piernas, pero todavía pesan más en el ánimo lo que estoy viendo. Por ejemplo: cómo El Camino se está convirtiendo en un artículo de consumo más; para otros en una competición sin otro objeto que hacer kilómetros y kilómetros y algunos, que de peregrinos no tienen más que el nombre, son simples menesterosos que van sobreviviendo de albergue en albergue. Pero bueno, ¡habrá que continuar y concluirlo!















Los primeros kilómetros son por carril bici hasta Colunga y el resto también bastante llano. En Villaviciosa pasamos por la fábrica de Sidra El Gaitero (foto 163) y luego por su ría (foto 164) y después...a subir, hasta el Alto de la Cruz (fotos165,166). 












Ya queda poco para Gijón (foto 167), a la entrada un gran convento que me llama la atención (fotos 168,169), pero prefiero la playa (foto 170) y el mar, con su puerto deportivo (fotos 171,172).





 



















La entrada a Avilés, horrorosa. No olvidemos que es una ciudad industrial y por tanto tiene un extrarradio poco agradable. Menos mal, que han reconvertido toda una zona de la ría en un gran centro de exposiciones y congresos de arquitectura futurista como es el Centro Niemeyer (fotos 173,174,175,176) y que a mí me resulta, cuanto menos, llamativo.  

 



 





 Cuesta entrar hasta el centro y doy algo de rodeo buscando la dirección del albergue, al final encuentro la oficina de turismo (fotos 177,178)


Me gusta el casco histórico de Avilés, es amplio y tiene buenos edificios (fotos 179,180,181,182), y también calles con mucho sabor (fotos 183,184), precisamente al final de esta, con soportales de piedra, está el albergue (foto 185)

 
 





Es municipal y lo regenta Alfredo, que me imagino será funcionario. En broma le comento, que para acordarme de su nombre pensaré en Alfredo Rubalcaba, me dice que Alfredo sí, pero que de Rubalcaba nada de nada, así que ya sé “de que pie cojea”. También, que la gente sigue dejando las mochilas encima de las camas. Se encoge de hombros, bastante hace para mantener un poco el orden en la masificación. Por cierto, he olvidado en La Isla la sábana bajera que llevo desde que me la recomendara mi amigo Dámaso (peregrino de muchos caminos). Luego tendré que comprar una. (Les ha hecho gracia en la tienda cuando he pedido una sábana con “codujón”, no lo habían oído nunca).

Llegan tres bicigrinos que me había encontrado en la calle, su interés máximo es si hay un sitio para guardar las bicicletas. Alfredo, les indica que el único sitio es una especie de corral cerrado dentro del albergue, con no demasiada seguridad. Yo, que siempre me meto en lo que no me importa, les digo, que el problema que tienen es llevar bicis de más de un millón de pesetas y que no tengo ese problema, porque mi rucio es tan anciano que: ¿quién me lo iba a robar?, además si se lo llevan, me hacían un favor, porque me volvía a casa teniendo una buena excusa. Uno de ellos, con gafas obscuras que no se las quita ni para mear, me lanza una mirada (por debajo de las gafas) que si hubiera podido, ¡me fulmina!. Yo creo que pertenecen a las fuerzas o cuerpos del estado. Los otros dos parecen mas amables, por lo menos no llevan gafas. Como dice una que yo sé : “ a lo mejor es que tiene los ojos malos”. Si claro, pero a mí, cuando hablo con alguien, me gusta mirarle a los ojos, para ver lo que piensa. Además, yo también tengo los ojos malos y me las quito, aunque solo sea por educación. Ahora ya no se da en los colegios aquello de “la urbanidad”.

También me he reencontrado con los hermanos catalanes que se han alegrado al verme, pensaban que iría más despacio y no me volverían a ver. Son hermanos pero no se parecen en nada. Creo que el mayor, que lleva gafas, parece más serio y yo lo he bautizado como “el pragmático” y está un poco pendiente del otro, que me da la sensación que es un poco más “viva la virgen”. Pero vamos, los dos se ve que son buenos chicos y con el clásico humor catalán con “retranca”. Nos hemos estado riendo un poco con el de Tudela que quería comprar lotería en Luarca al confundirlo con Lorca, la del terremoto ( por aquello que toca donde hay una desgracia).

Parecemos ”piojos entre costura”, todas las camas pegadas unas a otras, mucho calor y poca ventilación, he dormido poco y mal, me he levantado de madrugada y aquí estoy, en la entrada del baño, que hay luz y una silla, escribiendo y mirando la etapa de mañana, bueno... la de hoy, porque pronto amanecerá y será el momento de ponerse en marcha.

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