Lo
que en principio pensaba que iba a ser una etapa corta de unos 66
Km., se ha convertido por obra y gracia de la N-634 en una especie de
maratón.
Salimos temprano del pequeño pueblo de Piñera. Los caminantes de Cadiz han
madrugado más que nosotros, les digo adiós con la mano cuando los
adelantamos al subir la primera cuesta que, por supuesto, hay después
de cada pueblo. Él lleva una gran mochila a la espalda que debe
pesar “un huevo”, ella una minúscula. Se ve que es un matrimonio
bien avenido que comparte tareas...
Cruzamos la ría de Navia (fotos 209,210), espectacular. Luego parada para almorzar en Tapia de Casariego (fotos 211,212).
Después de un largo
recorrido bordeando toda la ría de Ribadeo (foto 213)
que es
preciosa, pero que se nos hace muy pesada, llegamos al puerto al
mediodía. Pienso, que este será un buen sitio para comer algo de
pescado, pues es imperdonable que hasta ahora no lo haya probado. En
un restaurante lleno, en el que hay bastantes turistas y algún
peregrino, como bien y a un precio razonable.
Para
subir al pueblo usamos un ascensor grande en el que cabemos los dos.
Un paisano muy amable me acompaña por las calles con mi rucio de la
mano para salir otra vez a la carretera, al tiempo que me da
conversación, contándome, que es castellano pero que lleva toda la
vida en Galicia trabajando en Paradores, ahora está jubilado, es tan
amable y me ha dado tan buena conversación, sin yo pedírsela, que
se merece una cinta.
Desde
que hemos bordeado la ría de Ribadeo estamos en Galicia, esta ría sirve de separación geográfica entre Asturias y Lugo.
Al
poco de abandonar la villa hay una indicación que dice: “Playa as
Catedrais”. Me han hablado tanto y tan bien de esta playa, que no
puedo resistir la tentación de conocerla. Una joven muy amable, me
informa que para verla bien, hay que esperar hasta las ocho de la
tarde que es cuando baja la marea y se puede andar por debajo de las
formaciones rocosas. Le comento, que se me hará de noche antes de
llegar hasta el albergue de Lourenzá. Su solución, es que vaya
hasta un camping próximo, ya que llevo tienda de campaña.
Para
mi sorpresa me piden ¡20 € por noche!. A los chavales de la
puerta (que no tienen ninguna culpa) les digo que es un robo: “¡En
un hostal me cobran ese dinero o menos y me dan una habitación con
cama, dos toallas, un baño para mi solo, y televisión. Yo no quiero
una plaza completa de camping, solo aspiro a un rectángulo de dos
metros por uno. No quiero que me cobren cinco euros como en un
albergue pero, que tampoco que me cobren veinte!"
Armo
tal follón delante de la puerta y del bar que consigo público (que
es lo que me va) y también que avisen al dueño: un guapito de cara,
alto, bronceado, de pelo rizado, (o sea todo lo contrario a este
Sancho Panza que soy yo), que con un cochazo todo terreno acude desde
el interior a la puerta.
Le
vuelvo a repetir mis argumentos, a lo que él me contesta que si no
me interesa que me vaya.
-
¡Por supuesto que me voy a ir, pero tenga Vd. en cuenta que yo
acamparé donde me pase por los cojones, así que ya puede ir
avisando a la Guardia Civil, porque en el momento que baje la
barrera, pienso instalar mi tienda delante de la puerta y que vengan
y me echen!
-¡Y
sepa Vd. otra cosa, que Vd. como empresario tiene muy poca vista
comercial, porque si Vd. admite a este peregrino, porque soy
peregrino por tercera vez, en su camping por un precio razonable,
posiblemente le hubiera hecho un gasto importante en su bar y en su
restaurante. Sin ir más lejos esta mañana me he gastado 27 € en
comer en el puerto de Ribadeo. ¿Vdes que quieren, escarmentarnos y
que no volvamos? pues lo van a conseguir!
El
tipo monta en su coche y se larga. Una “tontalaba” del publico
intenta defender al dueño del camping, y yo le digo: “ mire usted
Sra., usted no tiene ni puñetera idea de lo que es y significa un peregrino, ustedes, los gallegos, no deben de sangrar a los
peregrinos, tienen que cobrarles si, pero tratarlos con
consideración. El marido le hace callar.
Vuelvo
al puesto de información, me despido de la joven que tan amablemente
me ha atendido, explicándole sucintamente lo que me ha sucedido y me
voy con mucho sentimiento por no poder ver esta maravilla de la
naturaleza (fotos 214, 215, sacadas de Internet).
Lo
que ya no sé: si este tipo guapito, alto, moreno, bronceado y de
pelo rizado, ha avisado esta noche a la Guardia Civil en previsión
de que el Sancho Panza y su rucio posicionaran sus reales posaderas
sobre el suelo de la puerta de entrada del camping de la Playa de las
Catedrales.
Los
que leáis esto, cuando vayáis por allí, le dais recuerdos de mi
parte y los de mi rucio, que le envía un sonoro rebuzno.
Con
rabia contenida y rumiando lo que tenía que haber hecho y no hice,
(pedir el libro de reclamaciones) y haber dicho y no lo dije, por
ejemplo: “les pago 20 € si en el rectángulo que necesito, de dos
por uno, cavan un fosa y me entierran junto con mi rucio, luego la
plaza la pueden volver a alquilar y yo me quedo aquí tan ricamente,
frente al mar, en este sitio tan maravilloso”
Esta
rabia contenida me ayuda a dar más rápido a los pedales y después
de abandonar la costa, me interno por el interior de la provincia de
Lugo y llego a Lourenzá (foto 216) bastante tarde y con el albergue
lleno, menos mal que han habilitado otro, en un polideportivo a las
afueras en el alto de un monte al que tengo que subir andando, con mi
rucio de la mano porque, “ya no puedo ni con el pelo”.
Mañana,
ya veremos...
Igual
cojo un taxi que me lleve a Santiago y me vuelvo “pa” casa.
Estoy
a punto de tirar la toalla.
Continuará...








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