jueves, 10 de octubre de 2013

Día 7.- Jueves 25 de Julio del 2.013.- Beranga- Santander.- 30 Km.


Hoy en principio, la etapa parece corta, se trata de llegar a Santander que ya está relativamente cerca. Primero pasaré por Güemes, pues todos coinciden que es un albergue que merece la pena una visita.


He puesto la tele para ver el tiempo y saber algo más sobre el accidente de ayer. Están dando cifras de setenta muertos y muchos heridos, algunos de ellos muy graves. Sobre las siete, me llama mi hijo Jorge preguntándome si me he enterado de lo del accidente y se ofrece para venir a buscarme. Pienso que para cuando llegue a Santiago, por supuesto que no estará olvidado, eso tardará mucho tiempo, incluso años, pero se habrán celebrado los funerales, enterrado a las victimas y el dolor inicial estará algo calmado. Y creo que la ciudad de Santiago necesita del apoyo de todos los peregrinos que podamos ir.



El desvío que ayer buscaba con tanto ahínco y que no llegaba, aparece a la dcha. al poco de salir. Paso por S. Miguel de Meruelo sin detenerme y me dirijo directamente a Güemes. A la entrada del pueblo veo un bar abierto y entro a desayunar, me encuentro con tres peregrinas que han cenado y dormido allí, pues también es hostal. Me comentan que iban al albergue pero como estaban tan agotadas decidieron quedarse en el primero que encontraron. Nos despedimos hasta Santander pues también ellas piensan llegar. Desde luego tiene mérito los que van andando: ayer 30 Km., hoy otros treinta y así sucesivamente...





He tenido que salir del pueblo y subir un fuerte repecho para llegar.
Es una maravilla (fotos 102-107)
Tiene hasta una sala de oración. Una hospitalera de acento extranjero, morena, de mediana edad y bastante agraciada  me da la bienvenida y me sella la credencial.


Al comentarle que ayer quería venir a pasar la noche aquí porque me lo habían recomendado, se siente halagada y me invita a que me tome todo el tiempo que quiera en recorrer las instalaciones, que como ya he dicho, son magníficas.

 








Me recuerdan, salvando las distancia (aquellas eran más humildes) las de Fuenterroble de Salvatierra en la Vía de la Plata. 



Para los que halláis leído mi relato, era donde había muchas peregrinas cojas...(por lo menos tres).
Aquí también el fundador es un cura que se llama Ernesto, al que no tengo el gusto de conocer, y que partiendo de la casa familiar de sus abuelos, ha conseguido hacer todo esto. 
Que más que un albergue, parece un establecimiento hotelero de tres estrellas. Se ve que hay dinero o apoyos institucionales, o las dos cosas. 
Posteriormente me han comentado, no sé si será cierto, que las obras las realiza con la ayuda de presos que no tienen delitos de sangre y en proceso de reinserción. 
Termino mi reseña sobre el albergue de Güemes con lo que dice la guía Eroski : “La casa fue rehabilitada en la década de los 80 y la acogida de peregrinos es solo una de las tantas que realiza la ONG Brezo. Encontraremos: respeto, trabajo, solidaridad, amor y acogida a raudales en este bello rincón de Cantabria”.





 





Hasta Somo, donde tomaré un barquito para cruzar la bahía de Santader, prácticamente todo el recorrido lo realizo por un cómodo carril  bici. 



El barquito tiene una escala intermedia en la localidad de Pedreña conocida por sus famosas embarcaciones y remeros y por su campo de golf, que hizo famoso, el inolvidable Severiano Ballesteros (fotos 108 -112). De todo esto me acuerdo cuando paso por allí.




Por fin llego a Santander (foto 113), no me acordaba que hoy es Santiago, fiesta nacional, muchos balcones engalanados, algunos con crespones negros. También las banderas de los organismos oficiales a media asta. La tragedia ha conmovido a toda la nación.

Tendrán que buscar las causas del accidente y las responsabilidad de quién corresponda. Si hubiera muerto el maquinista, lo tenían fácil: se le hecha la culpa al muerto y así se salvan otros que están por encima de él. ¿Si el tren iba a una velocidad excesiva por qué no había un sistema automático qué lo frenase?



Pero la vida sigue y yo tengo que buscar el albergue de los amigos del camino. Después de muchas vueltas y de preguntar aquí y allá, lo encuentro. Está en un piso del casco antiguo. Hay mucha gente esperando, tal es así, que estoy a punto de desistir y marcharme a un camping. No lo hago y al final todos cabemos, eso si, en un dormitorio grandísimo y totalmente atestado de literas sin casi sitio entre ellas.



La hospitalera, bastante mayor para estos trotes y un poco desbordada, me atiende muy amablemente al ver que me preocupo por su trabajo y le doy alguna indicación para tratar a “l@s jetas”. Por ejemplo le digo que hasta que no le paguen no suelte la credencial (que es lo único que a muchos les preocupa), pues sin la credencial sellada no pueden acceder a otro albergue. Le regalo la cinta correspondiente y me dice que se llama...Pilar, así que me lo agradece tanto que me da hasta un par de besos y una chapa con la flecha del camino que me coloco en el chaleco reflectante.



 
Me llama la atención un puesto de venta de leche fresca, que te proporciona la botella si no la llevas (fotos 113 – 114). Podían implantarlo en Zaragoza. 

A los ingleses, toda la vida, les llevan la leche a casa por la mañana  en unos pequeños vehículos eléctricos. Me llevo una botella para cenar que está riquísima y que me ayuda a conciliar el sueño.
¡Hasta mañana angelitos, cuidar de este pobre peregrino!









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