jueves, 10 de octubre de 2013

Día 12.- Martes 30 de Julio.- Avilés – Souto de Luiña.- 46 Km.

Hoy es el día de las averías, el móvil se ha quedado inmóvil, mudo y con la pantalla negra, y he perdido varias fotografías. Así que hoy casi no hay fotos. Parece ser que se había quedado totalmente sin carga. Para mas inri me ha salido un panadizo muy molesto, que ha hecho que se me inflame un dedo. He tenido que comprar una pomada con antibiótico.

En principio quería terminar en Cadavedo que hubieran sido como mínimo 55 Km. Pero solo he llegado hasta Souto porque estaba harto de tanto subir y bajar: he bajado hasta una playa, y después de subir, otra vez a bajar para ver el pueblo de Cudillero que merece la pena pues es precioso, y al final otra vez subir hasta Souto. Luego, en vista de que había albergue, ya me he quedado aquí.

La salida de Avilés tan fea como la entrada. Un bar algo sucio en un polígono industrial polvoriento, es lo único que he encontrado a esas horas para tomar un café y algo de bollería industrial. Había varios obreros de Adif que comentaban, a voz en grito, el accidente del tren con la dueña, una mujer algo mayor, rubia teñida, con unos kilos de más. Al entrar se ha hecho el silencio y mirándome de hito en hito parece que decían: “pero este tipo de donde habrá salido a estas horas”. Les debía parecer un extraterrestre con el casco, el culote y el chaleco reflectante. Así que en cuanto me he tomado el café, que para mi sorpresa no estaba del todo mal, y la magdalena, me he largado de allí con viento fresco, para que pudieran seguir su conversación.



Nada importante digno de mención, hasta la ría del Nalón (foto 186). He sacado alguna foto más cruzando un puente y del pueblo de Muros pero no sé que ha sido de ellas, han desaparecido con la avería del móvil.

Bajo a la playa con intención de almorzar y descansar viendo el mar aprovechando que hace muy buen día. Hay un bar con un pequeño mirador con mesas, es un sitio excelente, pero allí no puedo sacar mis bocadillos, así que pido un plato con dos huevos fritos y jamón que tenían anunciado a un precio razonable. Da la casualidad que están los tres bicigrinos de ayer, el de las gafas obscuras aun las lleva puestas ¿igual no se las ha quitado ni para dormir? Me saludan amablemente. Ya me han debido perdonar por lo que les dije. O me tienen por lo que soy: un sancho panza cualquiera montado en su pobre rucio. Tomo café y pago en el interior y aprovecho para preguntar al dueño, que en sus ratos libres me dice que es ciclista, sobre el camino de vuelta. Me comenta que no es necesario volver a Muros y que puedo seguir por una carreterita paralela a la costa que sube a Cudillero. 
 


La subida es fuerte pero merece la pena por el paisaje que se ve desde arriba (foto 187). Al pasar por la población de El Pito me llama la atención el Palacio de los Selgas, que lo veo a través de la verja pero debe de ser digno de visitarse (fotos 194,195


















Lo más importante sin duda en el día de hoy, ha sido la visita a Cudillero que es maravilloso, sus casas están dentro de un pequeño valle o ría y no tengo palabras para expresar la impresión que me ha producido. Es precioso.(fotos188,189,190,191,192,193).
















Al llegar al albergue me encuentro por enésima vez con los hermanos catalanes. Me indican que hay que ir a pagar y a sellar al bar Ecu. Como ellos habían pasado antes, cumplimento el libro de registro y me entero de sus profesiones: el mayor Javier es informático y el menor Jorge, músico. Coincide plenamente con la apreciación que tenía de ellos.

Hemos pasado un buen rato en el porche del albergue, merendando con el resto y nos hemos reido cuando algún extranjero intentaba emularme en el manejo de la bota de vino. Me han fotografiado dejándolo caer por mi labio superior, desde una altura considerable.

Soto de Luiña pertenece al concejo de Cubilledo y tiene un magnífico albergue, limpio y ordenado, instalado en las antiguas escuelas municipales. Bien es cierto que somos pocos, los justos para llenar un dormitorio sin apreturas. Al final de la tarde han venido cuatro peregrinas mayorcetas que se han instalado en otro dormitorio, pero creo que en el suelo.

Veo que es importante leerse toda la información que figura en el tablón. Me entero que en el bar Ecu hay internet y en el Hotel dan un menú del peregrino bien de precio. Tanto uno como el otro colaboran en la atención del albergue. Pepe, el dueño del hotel, que hace de hospitalero, ha venido esta tarde a informarnos del recorrido de mañana. Es la primera vez que esto nos ocurre y es digno de agradecer, por lo que se gana una cinta.

¡Ah! se me olvidaba: esta mañana he visto al padre catalán con sus dos hijos adolescentes, me han llamado desde el interior de un bar, yo no los había visto, querían saber que tal me iba. Están muy animados y contentos, el pequeño creo que es un fiera con la bici, adelanta a su padre y a su hermano y luego vuelve atrás para buscarlos, me recuerda a Lucas el perro de mi amigo Manolo, el de Jaca, cuando nos acompañaba por el monte.

Bueno, ya esta bien de escritura, hoy creo que voy a descansar, por lo menos mejor que ayer.


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