jueves, 10 de octubre de 2013

Día 13.- Miércoles 31 de Julio del 2.013.- Souto de Luiña – Piñera.- 66 Km.

Me he levantado algo más animado. El dedo todavía muy inflamado pero ya no me molesta tanto como ayer, ya no tiene esa pulsación característica de la infección. Estoy en una sala amplia con mesas y sillas y buena luz, anoche dejé aquí las alforjas para no molestar. Luego, cuando se levanten, entraré para retirar la sábana y la almohada que es lo único que tengo dentro, ¡no se me vaya a olvidar otra vez como en La Isla! Todavía son las seis menos cuarto y aún no dan señales de vida.



Miro el perfil de la etapa de hoy y me recuerda los dientes de la sierra de arco que tengo en el huerto. Teóricamente tendría que llegar, si puedo, hasta La Caridad. Unos 55 Km. por lo bajo, según el tríptico de la Asoc. de Amigos de Bilbao. Bueno...ya veremos.



Para hacer boca, empezamos la mañana subiendo, pero a estas horas y con el fresquito casi apetece. Pasamos por diversas poblaciones y al llegar a Castañera un cartel en la carretera indica Playa del Silencio (foto 198)


Con ese nombre tan sugerente no me la debo, ni puedo perder. Así que entro en la localidad y después de recorrer un pequeño tramo asfaltado comienzo a descender un camino de tierra bastante pronunciado. A mi izquierda el mar, sigo bajando y bajando y aparece en el fondo la playa, ¡y que playa! (foto 196).



Es una ensenada perfecta protegida de los vientos a ambos lados por acantilados. De buena gana pasaría aquí el día, pero ya se sabe que todo lo que baja tiene que subir, y yo tengo que volver a subir la cuesta por el camino de tierra, así que no bajo más y desde la mitad aproximadamente saco la foto y me vuelvo con gran pena por mi parte y la de mi rucio que hubiera descansado durante un día completo. A mí dcha. ahora, aparece otra playa, también preciosa (foto 197). 
 
Al pasar por Santa Marina (foto 199) me llaman la atención unos gigantescos macizos de hortensias de color blanco. ¡Con lo difícil que es conseguir en mi tierra una sola planta de esta flor!





Inmortalizo una pequeña ermita con porche, ¡como se ve que aquí llueve!, (foto 200), donde he hecho una “parada técnica” (léase mear)

  

Un paisano se ha construido una casa en el mejor sitio: en lo alto del prado y con vistas al mar. Como quiero también disfrutar un poquito de su paisaje, se lo robo y me lo llevo en la cámara (foto 201). 


Cruzo un río bastante caudaloso y con una exuberante naturaleza a su alrededor (fotos 202,203).


 











 
Las playas desiertas, a cual más bonita, se suceden a mi paso (foto 204,205). Corro el peligro de caer en el síndrome de Stendhal al ver tanta belleza junta y seguida.
















Luarca una población importante y muy turística esta situada en el fondo de un valle con puerto en la desembocadura de la ría (fotos 206,207,209). 








 
Son las doce, hora de almorzar, voy a comprar pan y acabo almorzando una ración generosa de empanada de bonito, recién hecha, que está buenísima. 

En El Camino como en la vida no hay que tener ideas preconcebidas: he entrado a la panadería con intención de comprar pan y he salido, sin embargo, con una empanada como no la había comido nunca, crujiente y sabrosa. ¡Aun me estoy relamiendo, como hace mi perro Homer cuando le llevo su comida!



Cerca de Piñera las obras de la autopista construyendo un viaducto por el sistema de viga lanzada, similar a la que hicieron cerca del huerto (foto 208) Es una maravilla ver con que facilidad (aparente), lo realizan.

 

El albergue municipal es bastante amplio e instalado también en las antiguas escuelas municipales. Me pregunto que habrán hecho con los niños, supongo que los pocos que haya los tengan concentrados en la capital del concejo. Lo regenta una señora que vive en una casa apartada a la que hay que volver para sellar y pagar, aprovecho para comprar en una “tiendiña” unas provisiones. Esta pequeña población no tiene bar ni por supuesto restaurante.



He preferido venir hasta aquí porque suponía que habría menos gente. Aun así estamos un grupo variopinto, todos caminantes excepto yo: Iñigo, que es de Bilbao, y al saber que soy de Zaragoza me da recuerdos para Joaquin un militar que perdió tres dedos en el Líbano y es de la asociación Os Andarines d'Aragón. Hay otros tres jóvenes, que van juntos: Tomás, parecido en el carácter y en la forma de expresarse a mi hijo Jorge. Su compañero que es masajista (y que me da consejos para mis piernas) y  un inglés que apenas habla. Una señora mayor que se peina la melena acercándose peligrosamente a la mesa donde estoy merendando. Otra morena guapa de mediana edad que también va sola y que no para de hablar por el móvil, y un matrimonio bastante mayor de Cadiz, del que observo que  él carga prácticamente todo el peso en su gran mochila.



Entre ellos parecen que se conocen. Yo no voy a tener la oportunidad de hacerlo. Voy demasiado deprisa para los que van andando y demasiado despacio para los que van en bici. ¡Claro, mi pobre rucio no da más de si!



La hospitalera no ha venido ni siquiera a pasar revisión.¿No sé para qué le habré dado la cinta? ¡si no se la ha ganado!



Me voy a dormir.

Hasta mañana si Dios quiere (que decía mi madre).

No os digo lo que le contestaban mis hijos, entonces pequeños.

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