lunes, 7 de octubre de 2013

Día 17.- Domingo 4 de Agosto del 2.013.- Sobrado dos Monxes – Santiago.- 60,50 Km.

Son las seis de la mañana y estoy en el garaje del albergue haciéndole compañía a mi rucio y repasando el recorrido de hoy. Solo tengo información hasta Arzúa ya que allí se unen el camino del norte con el francés. Veo que de Sobrado a Arzúa hay 21,4 Km. y como siempre, son subidas y bajadas, pero no parecen muy pronunciadas, luego hasta Santiago hay 39 Km. más. De momento, llegaré hasta Arzúa y según me encuentre seguiré o no, de todas formas me parecen pocos veintiún kilómetros, así que es posiblemente que siga.




Hace sol y mi sombra se proyecta hermanada a la de mi rucio. Podemos decir que somos solo uno, porque efectivamente sin él yo no hubiera llegado hasta aquí, y él sin mi.



A partir de Arzúa se nota la afluencia masiva de peregrinos del Francés, que nosotros realizamos en el 93. Ahora parece esto una romería.

- ¿Te acuerdas, mi rucio, que jóvenes éramos?

Pero no es el momento de nostalgias, si no de seguir adelante y de llegar cuanto antes a nuestra meta.




Un cartel nos indica que ya estamos cerca.

- ¡Una cabalgada más y llegamos!




Una paradica, ya sabéis para que, ¡esta próstata!, y aprovecho para que un peregrino anónimo nos inmortalice junto al pequeño, pero artístico, monumento de piedra.




Decidimos abandonar la carretera y hacer los últimos kilómetros por el camino por el que van los andarines.
Algunos viajan bien y ¡luego dicen de la vida perra!
- ¿Te fijas, lo bien equipado que va? No le falta detalle.















Cualquiera que me vea hablando con mi rucio pensará que se me ha ido la olla. Suele pasar. Verdaderamente hay que tener la azotea bien amueblada para ir kilómetros y kilómetros solo y sin hablar con nadie. Pero bueno, esto no es nada comparado con los aventureros que van al Polo o los montañeros a el K 2. 

 


















- ¡Por fin hemos llegado! Ya estamos en el Monte del Gozo!
¡Lo hemos conseguido! ¡Venga, la última subidica hasta el 
monumento para hacernos la foto!


Cruzamos las calles de Santiago, una peregrinación numerosa de jóvenes entra cantando. No se si es muy apropiado, cuando apenas ha pasado una semana del accidente, pero...ellos sabrán.



Alguna foto más a los numerosos monumentos de la Ciudad, tantas veces fotografiados, que siempre me causan admiración.
 
Javier y Jorge, que no me esperaban, están tomando una cerveza en un velador, comparto con ellos cerveza y conversación, nos despedimos por enésima vez. 

Luego, yo me encamino hacia el albergue particular en el que estuve en el 2.011. Doy unas cuantas vueltas y al fin lo encuentro, ¿cómo puede la memoria jugarnos estas malas pasadas? ¿sera cosa del “alemán”?, no quiero ni pensarlo.





Después a por La Compostela. Si quieres, te la dan en un cilindro de cartón para que no se arrugue, y vale un euro, aparte de la aportación voluntaria. Mas tarde a la Renfe. Para mañana no tienen directo, tendré que esperar hasta el martes. Por cierto el tren es del mismo tipo que el del accidente ¡Toquemos madera! Ahora eso si, consigo un descuento considerable. (Será para animar al personal)




La joven alemana que me ha atendido en el albergue me ha recomendado una pulpería casi en el extrarradio, ella vive por allí, en la que he cenado muy bien y relativamente económico, aparte de enrollarme con unos paisanos y compartir unas botellas de ribeiro que estaba riquísimo.



Paseo por Santiago al anochecer, hay ciudades como esta, otra sería por ejemplo Cáceres, que tienen un encanto especial a estas horas.






La vida sigue, y unos estudiantes que no se que estudian, porque algunos peinan canas y otros lucen calvas como las bolas de billar (“Villar: enséñale las bolas a la profesora”) y que se ganan la vida con el “parche” (+), dan un concierto debajo de los porches del Ayuntamiento seguido por numeroso público que corea y aplaude sus canciones.






No tengo prisa, llevo llave del albergue, mañana no tengo nada que hacer, bueno si... descansar. Pero creo que: “ya va siendo hora de que los peques se vayan a la cama”

¡Felices sueños!









(+) En el argot estudiantil “vivir del parche”, era vivir de lo que se obtenía de pasar la pandereta en actuaciones, bodas y comuniones. Y hubo un tiempo, según me han asegurado, que se vivía bastante bien del “parche”.






No hay comentarios:

Publicar un comentario