He
salido el más madrugador de todo el albergue, ¡total para lo
que me ha servido: pegarme la paliza y el calor que he pasado!
El
primer pueblo que visito es Bolibar (si, las dos con b, no me he
equivocado) Aquí nació el libertador Simón Bolivar. Tiene una
estatua y un museo que a estas horas está cerrado (foto 61)
El pueblo también está cerrado, o eso me parece a mí, no obstante, tengo el presentimiento de que “la vieja del visillo” me observa detrás de alguna persiana.
El único que sale a recibirme es un gato (foto 60), eso sí, es un gato siamés precioso, lo más cariñoso y zalamero que os podáis imaginar, con gusto me lo hubiera llevado.
Después
me desvío de la carretera general para subir, ¡bastante!, hasta el
monasterio de Zenarruza que en la guía pone que es interesante y que
también dan alojamiento a peregrinos, precisamente salía un
ciclista extranjero que había pasado la noche allí y me indica casi
por señas que está muy bien el albergue de estos monjes (fotos
62,63,64,65,66,67)
El silencio es sobrecogedor, pero la iglesia
románica está abierta y puedo visitarla. Todo está muy restaurado
y cuidado, se ve que el Gobierno Vasco ha invertido mucho dinero.
Cuando me canso de dar vueltas por el monasterio y sus alrededores
sin ver ni una sola alma vuelvo a la carretera, porque la dirección
que ha tomado el biciperegrino no me ha gustado nada.
Siguen
las subidas y bajadas sin cuento, con puerto incluido, no muy alto,
pero si tan largo como su nombre indica: Gontzagarigana (foto 68). ¡A
que no sois capaces de decirlo seguido a la primera!
Al
final he llegado a Guernica y ni siquiera he ido a sacar una foto a
la Casa de Juntas, que la tengo muy vista, pues solo tenía ganas de
almorzar, no había desayunado por estar todo cerrado a esta horas.
Tendré que comprar unas barritas energéticas para estos casos, no
me vaya a dar un desfallecimiento, lo que los ciclistas llamamos “una
pájara”, ¡aunque me parece que tengo bastantes reservas todavía,
menudo “pájaro” estoy hecho!
Al
salir de Guernica, en vez de coger una comarcal camino de Lezama,
opto por la nacional 640, ¡craso error!. Me lleva directamente a
Bilbao, pero con subidas y bajadas sin parar, calor terrible, ¡más
de 32º C!, y obras.
Llego
casi extenuado y en vez de dedicarme a buscar el albergue por todo
Bilbao he pensado esta noche, en las horas de insomnio, que lo más
práctico sería coger un taxi grande que me lleve. Acudo a la
primera parada que veo para que llamen por la emisora y lo pidan. Enseguida
aparece uno, que no es muy grande, pero como es ciclista, según me
cuenta luego, está acostumbrado a llevar su bici. Plega el asiento
de atrás y allí metemos a mi rucio, contento de no tener que ir
entre el tráfico y el humo de los coches de una gran ciudad.
¡Y
en buena hora, porque el albergue está en el “quinto coño”!: en
lo alto de un monte, en un antiguo colegio en desuso que el
Ayuntamiento ha cedido a la Asociación de Amigos del Camino de
Bilbao. Después de alguna vacilación, ¡ni el taxista sabía donde
estaba!, llegamos.
Hay
un montón de gente que está esperando desde mucho antes de las tres.
Me atiende Pablo, un hospitalero voluntario muy amable, jubilado de
la marina mercante por lo que se le da muy bien el inglés y que ha
hecho varias veces el camino. Por su amabilidad se ha ganado su
cinta, el me entrega a su vez, un pequeño tríptico editado por los
Amigos en el que van detallados todos los pueblos y ciudades por las
que pasa el camino con las distancias entre ellas y otros muchos
datos, que creo que me va a resultar muy
útil.
Consigo
una cama individual sin nadie encima, una suerte, por lo menos voy a
descansar bien. Después de la paliza de hoy tendré que preparar con
detenimiento la etapa de mañana, pues no sé, si podré mantener este
ritmo.
Completo
la tarde comprando comida para cenar y dando una vuelta por los
alrededores del barrio dormitorio, un poco desangelado, abandonado y
triste que no merece ni tan siquiera una fotografía.







No hay comentarios:
Publicar un comentario