Esta etapa que en principio iba a ser 20 Km. más corta, se ha alargado por el motivo de encontrarme con los dos chavales estremeños que querían acabar mas adelante, ya que tienen los días justos, por motivo de los exámenes.
Seguimos con los toboganes, o rompe piernas, subidas y bajadas sin parar. La primera parada la hago en Laza, a 35 Km. Me llama la atención el gigantesco "mayo", me pregunto quien será capaz de subir hasta arriba y más si le han dado jabón.
Su iglesia, tiene la particularid
ad, como otras muchas en Galicia y el resto de España, de tener adosado el cementerio, de forma que cada vez que los parroquianos van a misa, ven obligatoriamente donde van a ir a parar sus huesos...
Yo no sé si esto lo hacían los curas para ahorrarse el tenérselo que recordar más a menudo...
ad, como otras muchas en Galicia y el resto de España, de tener adosado el cementerio, de forma que cada vez que los parroquianos van a misa, ven obligatoriamente donde van a ir a parar sus huesos...Yo no sé si esto lo hacían los curas para ahorrarse el tenérselo que recordar más a menudo...

Me llama la atención un curioso cruceiro sobre cuatro pilares. Cuando voy a sacar la foto, aparecen otras de las habitantes de estos valles, las vacas. Espero un poco, para poderlas inmortalizar junto con el cruceiro. Lastima los cables. ¡A ver quién los quita con fotoshop, y me la envía retocada!
A partir de Laza es todo subida fuerte hasta un pequeño pueblo llamado Alberguería. Cuando me disponía a dar buena cuenta del almuerzo antes de comenzar el ascenso, aparecen Zipi y Zape con las maletas sobre las bicis. Almorzamos todos juntos y nos bebemos la media botella de vino que aún me quedaba y que había trasvasado a botellín de plástico.
La subida se hace durísima y más con el cansancio acumulado del día de ayer, al final tengo que bajar de la bici, porque voy más rápido andando.
Alberguería es otro hito del Camino, aparte de la dificultad de la subida, por la presencia de un curioso personaje que tiene una tasca con conchas firmadas que van dejando los peregrinos a su paso, nosotros dejamos la nuestra. Hay también construcciones muy tipicas.
Y cuando creíamos que ya se habían acabado las cuestas, ¡otra más!.
Al final llegamos a Xunqueira absolutamente derrengados. Mañana...ya se verá.

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