lunes, 7 de noviembre de 2011

14º DÍA .- SALAMANCA.




















Hoy me voy a tomar todo el día de descanso y relax, verdaderamente lo necesito. 

Cuando comencé el camino decía : "si llego a Mérida ya he hecho bastante, luego, si llego a Salamanca"... He llegado aquí y me encuentro con fuerzas para seguir, me esperan etapas bastante duras, como el paso de la meseta a Galicia: los puertos del Padornelo y de la Canda, pero creo que las puedo superar y más con el reto que tengo conmigo mismo y con los incrédulos que no se creen que estoy haciendo el camino y que voy a llegar. 

Todos los días corrijo el mensaje que les voy a enviar desde Santiago, tiene que ser lo bastante escueto y directo para darles en el morro bién...y que se mueran de envidia, o por lo menos que se pongan amarillos.




            
 Ayer reservé una habitación en el Hostal Catedral, una de las dos direcciones que me había proporcionado el hospitalero. 

Está situado muy céntrico, al final de la calle Mayor a unos pasos de la catedral. 

Es pequeñito pero muy cuidado y agradable. Me atiende la madre de la familia que lo regenta, una señora de mediana edad que en su juventud ha tenido que ser muy agraciada y que aún conserva gran parte de esa belleza, pero aún más importante son sus modales apacibles y serenos. 
Comenta, que su hija vino a estudiar a Salamanca y vió la oportunidad de montar el Hostal y que entre las dos, madre e hija, lo han hecho todo, han conseguido un lugar coqueto y cómodo, con detalles de buen gusto. De tal forma que, el boca a oreja funciona. algún viajero lo ha citado en la Red y tienen solicitudes por Internet hasta del Japón.


            
Me proporciona una pequeña habitación individual pero que tiene todo lo que necesito : cama amplia, baño con ducha, televisor y mesa para escribir, que es lo que estoy haciendo en este momento.

He aprovechado para hacer limpia eliminando todo lo que no he necesitado hasta la fecha y no lo voy a necesitar y envío para Zaragoza por correo nada menos que, ¡ tres kilos y medio!, que me irá muy bién no llevarlos encima. He eliminado hasta la toalla, demasiado grande y pesada y la he sustituido por otra mas ligera.

               Y el candao, ¿qué me decis del candao?, solo pesaba ¡kilo y medio!, también lo he mandao a "cascala"...

En los albergues y hostales  guardan a mi querido rucio y el resto del día no lo  pierdo de vista. 

Si lo roban, tendría excusa para terminar el Camino. Por supuesto, no deseo que esto pase, además:¿quién iba a querer a mi pobre rucio que lleva conmigo desde el 93, en el que hicimos los dos el Camino Francés?.









                Por la tarde he vuelto a recorrer despacio la Ciudad, también he aprovechado para mandar fotografías por Internet y con las pilas cargadas me dispongo a proseguir la segunda parte de mi viaje. Continuara...


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